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Betania, modelo evangélico


«Y dejándolos, salió fuera de la ciudad, a Betania, y posó allí» (Mateo 21:17).

INTRODUCCIÖN.

Queremos en nuestras Asociaciones tener como referencia la realidad evangélica de BETANIA. Descansar en la casa deBetania junto a Jesús, es saborear ese momento único y privilegiado que inunda de paz en lo íntimo del corazón. Cuántas veces nos hemos planteado lo que nosotros hubiéramos hecho si nos hubiera tocado vivir en tiempo de Jesús; tenemos la seguridad que hubiésemos acudido a todos los lugares donde El descansaba. Pero no hemos caído en la cuenta que esto no es cosa del pasado sino del presente. Esto se repite hoy. Por eso queremos invitarte desde nuestras asociaciones a que nos acompañes para marchar hacia Betania. Jesús descansa allí, en Betania, con sus amigos se trata de irnos a encontrar con Él; todos estamos invitados.

Cerca de Jerusalén -a tres kilómetros- está Betania. Allí viven Lázaro, Marta y María. Tres hermanos que tienen una gran amistad con Jesús. Su casa será en aquellos meses un lugar de hospitalidad y reposo para los días que le esperan.

En el trayecto a Jerusalén Jesús pasa por Betania. La actividad de los días anteriores había sido intensa. El camino que lleva de Jericó a Betania es empinado, requiere una ascensión continua y transcurre por terreno desértico. Jesús y los suyos debieron llegar cansados. Allí fue recibido por Lázaro, Marta y María.

El aposento alto del primer capítulo de los Hechos está relacionado con Betania, «la casa de los higos», y Betania con el aposento alto. Lo que está ante nosotros es el deseo del Señor de tener al final lo que tuvo al principio – tener en su pueblo, espiritualmente, lo que él constituyó por su propia presencia al principio. Resumiendo Betania, corresponde totalmente al pensamiento del Señor. Él quiere tener las cosas sobre la base de Betania, constituidas según Betania, y quiere tener su Iglesia universal representada localmente por ‘Betania’.

Betania es famosa por tres cosas:

* En Betania está la casa de Marta, María y Lázaro, los amigos de Jesús: "Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: « Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude. » Le respondió el Señor: « Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada" (Lc 10, 38-42).

* En Betania está la casa de Simón, el leproso, donde María ungió los pies a Cristo:"Hallándose Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, se acercó a él una mujer que traía un frasco de alabastro, con perfume muy caro, y lo derramó sobre su cabeza mientras estaba a la mesa. Al ver esto los discípulos se indignaron y dijeron: « ¿Para qué este despilfarro? Se podía haber vendido a buen precio y habérselo dado a los pobres. » Mas Jesús, dándose cuenta, les dijo: « ¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues una obra buena ha hecho conmigo. Porque pobres tendréis siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis siempre. Y al derramar ella este ungüento sobre mi cuerpo, en vista de mi sepultura lo ha hecho. Yo os aseguro: dondequiera que se proclame esta Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria suya" (Mt 26, 6-13).

* Pero sobre todo, Betania es famosa porque allí hay una "cicatriz de la tierra", el sepulcro de Lázaro, mencionado por todos los itinerarios de peregrinos: "Entonces Jesús les dijo abiertamente: « Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Pero vayamos donde él. » … Cuando llegó Jesús, se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalén como a unos quince estadios, y muchos judíos habían venido a casa de Marta y María para consolarlas por su hermano. …Entonces Jesús se conmovió de nuevo en su interior y fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una piedra. Dice Jesús: « Quitad la piedra. » Le responde Marta, la hermana del muerto: « Señor, ya huele; es el cuarto día. » Le dice Jesús: « ¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios? » …Quitaron, pues, la piedra… Entonces Jesús … gritó con fuerte voz: « ¡Lázaro, sal fuera! » Y salió el muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario" (Jn 11, 14-17.19-40.43-44).

Para ver esta referencia evangélica respecto a Betania con más detalle, seguiremos los pasajes, donde Betania es mencionada.

1.- El Señor reconocido y recibido

«Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea (no se olvide que estas aldeas representan iglesias locales); y una mujer llamada Marta le recibió en su casa Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo...» (Lucas 10:38).

En esta primera mención de Betania, tenemos una o dos cosas que en principio representan esa iglesia, esa casa en la cual el Señor tiene puesto su corazón. «Y una mujer llamada Marta le recibió en su casa». La palabra «recibió» es la clave de todo, y representa precisamente aquello que hace la gran diferencia, entre creyentes y no creyentes.

Recordemos que con respecto a la venida del Señor desde la gloria a esta tierra, se dijo: « Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron» (Juan 1:11). Él dijo de sí mismo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene donde recostar la cabeza» (Lucas 9:58). Si entendiéramos su real significado, cuando reflexionamos acerca de quién se dice lo primero, y quién está diciendo lo segundo, quedaríamos atónitos. He aquí el Creador de todo, el Dueño de todo, el Señor del cielo y de la tierra; quien tiene el mayor derecho a todo más que cualquier otro ser en el universo; el Señor para el cual y a través del cual fueron hechas todas las cosas. Él vino, y no tenía dónde recostar su cabeza en el mundo de su creación, en el mismísimo ambiente donde todos sus derechos son soberanos. No fue recibido; y aun, como una real expresión de la actitud de su propio pueblo, él lo denunció, diciendo: «Éste es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. Y tomándole, le echaron fuera de la viña...» (Mateo 21:38,39).

Aquí leemos: «Y una mujer llamada Marta le recibió...». «Mi iglesia». Su iglesia, su casa espiritual, es el lugar donde él es recibido con gozo y donde encuentra su reposo. Este es su lugar, su lugar en un mundo que lo rechaza; el lugar donde él es reconocido. Pentecostés fue eso: «Así que, los que recibieron su palabra...» (Hechos 2:41). Este es el principio de la iglesia – así es en todo lugar. Es una percepción espiritual, expresada en un corazón receptivo. Esta es la primera cosa que caracteriza a su iglesia: el recibirlo.

Y es por eso que el Señor ha querido tener aquí a su iglesia repartida en muchas asambleas locales, sobre toda la faz de la tierra. Ellas son testimonio de su presencia sacramental, de su cercanía amorosa y amigable como "Camino, Verdad y Vida".

En esto consiste el evangelio. Evangelio, como indica su etimología griega (eu=bien; angelion =mensaje), es una buena y gozosa noticia. Es el anuncio de la gracia —amor incondicional de Dios al hombre—, de la salvación, de la nueva vida que Dios inaugura en la historia con la venida de su Cristo. En el evangelio se nos revela el misterio de Dios, la dignidad del hombre, la transfiguración del mundo. El evangelio no es ante todo una exigencia, sino un don inaudito que entraña exigencias de vida nueva. El contenido central del evangelio consiste, pues, en la iniciativa gratuita y soberanamente bienhechora de Dios que se encarna en Jesucristo. El anuncio (evangelio en sentido activo) consiste en la palabra (¡y los signos!) que proclama el advenimiento de la gracia, promete su realización gradual y su consumación, crea ya lo nuevo.

Ellas están aquí para proclamar la Buena nueva del Evangelio. En esta perspectiva, evangelizar quiere decir haber recibido el encargo o mandato de proclamar la venida de los tiempos nuevos, de ser el heraldo, el pregonero público de lo que Dios lleva a cabo. En este itinerario de la evangelización hay que tener en cuenta dos elementos inseparables: la proclamación activa de un contenido que el mensajero tiene el encargo de anunciar, por una parte; y, por otra, la acogida, es decir, la recepción de dicho contenido. Creer el evangelio, cambiar de vida, convertirse, es tan importante como proclamarlo. Sin acogida, el anuncio no sirve de nada.

Nosotros queremos en nuestras Asociaciones ser una "casa de Betania", una de esas asambleas donde Ël es acogido.

Por lo cual la iglesia ha de ser localmente representada; por lo que cada creyente ha de estar aquí en la tierra: una posición para el Señor en esta tierra, un testimonio de su soberano señorío y derecho. Recibir al Señor le proporciona a él tal posición y tal testimonio.

Vemos cómo el primer asunto en relación a Betania es de suma importancia. Representa un principio de tremendo valor. La Iglesia se constituye, para empezar, en el simple principio de que Cristo ha encontrado un lugar: en medio de toda una seria de rechazos, él ha encontrado un lugar.

2.- La satisfacción de su corazón

Continuamos con el pasaje: "...le recibió en su casa…". Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra». Literalmente, las palabras son: «quien se sentó a los pies de Jesús y continuaba escuchando su palabra». Eso fue lo que irritó a Marta: ella continuaba escuchando. Lo que Marta realmente dijo al Señor estaba en el mismo tiempo verbal. Cuando ella vino al Señor, dijo: «¿No te molesta que mi hermana continúe dejándome servir sola?». Ella «continuó escuchando».

Al Señor debe ofrecersele aquello que él más desea, que es la satisfacción de su corazón. El corazón del Señor encontró satisfacción en lo que María hizo. Este es el verdadero significado de Betania.

En Mateo 21, encontramos la historia de la higuera. Jesús va desde Jerusalén a Betania; él ha estado en Jerusalén y ha visto las cosas en el templo. Su corazón se ha dolido con la agonía del desengaño. Él ha observado todas las cosas, pero no ha dicho nada, y ha regresado a Betania. Por la mañana, cuando va de camino, tiene hambre, y viendo una higuera, se acerca para ver si tiene frutos. Pero no encuentra ninguno, y dice, «Nunca jamás nazca de ti fruto». Cuando vuelven, los discípulos le hacen notar que la higuera está marchita y muerta.

Esa higuera, como sabemos, se refería a Jerusalén, y es un tipo del Judaísmo de aquel tiempo. El desengaño del corazón que el Señor había encontrado en el templo se equipara con el desengaño al venir hambriento a la higuera y no encontrar frutos; ambas cosas son una. Ese orden de cosas, entonces, queda fuera de su esfera de interés; el judaísmo queda fuera por el resto del siglo. «Nunca jamás nazca de ti fruto». No puede satisfacerlo, por tanto, queda fuera; es un árbol marchito que no le proporciona nada al Señor.

Pero mientras aquel desengaño del corazón se siente tan agudamente, y es registrado de esa forma por él, va a Betania. Betania quiere decir «la casa de los higos.» Ni en el templo, ni en Jerusalén encuentra el Señor su satisfacción, sino en Betania. Es por eso que él siempre iba allí. La satisfacción de su corazón no estaba ahora en el frío, inanimado y formal sistema religioso vigente, sino en la atmósfera viva, cálida y palpitante de la casa de Betania. Él siempre supo que, aunque sus palabras eran rechazadas en Jerusalén, ellas eran aceptadas y oídas ávidamente allí, y habría siempre alguien que ‘continuaría escuchando’.

En Hechos 2, se dice que, después de Pentecostés, los que creyeron «perseveraban en la doctrina de los apóstoles»(vs.42). Allí comenzó la iglesia, y ésa es su característica: «perseveraban en la doctrina de los apóstoles». Estamos tan acostumbrados a esas palabras que ellas no parecen transmitirnos mucho.

La palabra clave es ‘perseverar’. «Perseveraban en la doctrina de los apóstoles». Hay total diferencia entre persistir en la enseñanza, y marcharse diciendo: ‘Creo que fue un mensaje muy bueno’. Perseverar representa la aplicación práctica, positiva, del corazón de la verdad, y eso constituye la iglesia del Señor; es donde lo que viene de él es recibido y donde el corazón entero, la vida entera, se da a él.

Y eso fue probablemente lo que a Marta no le gustó. María entretanto se abandonó a él, se dio a él; y eso era lo que el Señor buscaba. Me pregunto cuál sería el resultado si nosotros tomamos esa actitud hacia cada palabra de verdad divina que nos llega. Cuando pienso en las montañas de verdad que han sido construidas, no puedo dejar de preguntar: ¿Cuál es el porcentaje de verdadera aplicación de esa verdad por parte de aquellos que la oyen? Fue porque ellos tomaron tal actitud práctica al principio hacia las cosas que oyeron, y perseveraron en ellas, que hubo tal efectividad. Ellos no se marcharon diciendo: ‘¡Qué maravilloso sermón predicó Pedro hoy!’ No, ellos perseveraron en la enseñanza de los apóstoles.

Eso es lo que el Señor desea. Es lo que satisface su corazón. María se sentó a sus pies y continuó escuchando su palabra, y eso satisfizo el corazón del Señor cuando todo lo demás lo defraudó. La satisfacción de su corazón debe ser un rasgo de la vida de su pueblo; y la satisfacción del corazón suyo es simplemente esto, que nos apropiemos de su palabra, que la estimemos debidamente, la consideremos como la cosa suprema. La iglesia debe ser «la casa de los higos» para el Señor.

3.- Una cuestión de proporción

Miremos ahora a Marta. «Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo...». El griego es muy fuerte aquí. Si ella hubiera dicho todo lo que estaba en su mente, habría dicho al Señor: ‘Tú eres el responsable por esto, tú cooperas con esto, y depende de ti ponerle atajo’. Es lo que está implícito en las palabras originales. Había estado guardando esto, y por fin, incapaz de contenerse por más tiempo, vino a él y estalló: «Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude».

Simplemente era necesario un ajuste de cosas por parte de Marta, para que lo más importante tuviera su lugar. No era que al Señor no le simpatizara que Marta estuviera preparándoles comida, sino que él vio que este afán doméstico era para ella cosa trabajosa y agobiante, que se salía completamente de toda proporción, que la llevaba a poner las cosas más esenciales en un lugar inferior.

Sí; una comida puede ser buena, pero ojalá pongamos las cosas en su correcta proporción. Que las cosas temporales no sobrepasen lo espiritual. No estemos tan ansiosos y entretenidos en las cosas pasajeras de tal modo que las cosas espirituales sean eclipsadas. Porque lo único que mantiene todas las otras cosas en su lugar correcto es lo que viene de los labios del Señor.

Es una cuestión de proporción, es una cuestión de dónde se está poniendo el mayor énfasis. Es una cuestión de si estamos permitiendo que las cosas de esta vida nos absorban, nos ocupen, y nos rodeen con ansiedad, de tal manera que las cosas mayores no estén teniendo su oportunidad. Creo que todos coincidimos en que no tendríamos ninguna disputa con el Maestro acerca de María cuando vemos las cosas de este modo.

Esa era la situación completa. En la casa de Dios, por sobre todos nuestros asuntos, por sobre todas nuestras miles de febriles actividades de obra cristiana –la única cosa que importa es llegar a conocer al Señor, y darle una oportunidad a él para darse a conocer. A menudo, hay febriles actividades en lo que se llama ‘la iglesia’, que excluyen la voz del Señor, lo dejan fuera; es todo lo que estamos haciendo, y así él no tiene ocasión para hablar. El lugar que lo satisface es el lugar que se ajusta a las cosas supremas.

4.- El perfume de gran precio derramado

Vamos al cuarto, en Mateo 26:6-13. Se trata de la misma aldea, y ahora es el pasaje de la mujer con «un vaso de alabastro de perfume de gran precio». Este incidente nos habla en primera instancia del reconocimiento del valor del Señor Jesús. Todos los que vieron, dijeron: ‘Él no vale la pena’. eso es lo que se concluyó: ‘Él no vale la pena’. Por supuesto ellos no habrían dicho eso, pero se implica. Ella, sin embargo, reconoció su valor –él valía el ‘gran precio’. Era la gran preciosidad de Cristo que estaba a la vista aquí, como algo reconocido. Eso, pienso, es el asunto principal. Este es un rasgo de Betania, un rasgo del aposento alto, un rasgo de «Mi iglesia». es un rasgo de la asamblea del Señor, un rasgo del pueblo que está en su propio corazón: el reconocimiento de su preciosidad, su valor supereminente, de manera que no haya nada demasiado costoso para ponerlo a sus pies. «Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso –es la preciosidad» (1 Pedro 2:7).

Esa es la causa que hace a su iglesia de gran valor para él, que allí su valor se reconoce, y él es apreciado y estimado cada vez más en su verdadero valor. Eso debe marcar a la casa del Señor. Es un rasgo que debe ser desarrollado cada vez más. Es una cosa a la que debemos atender, que tengamos un diligente y siempre creciente reconocimiento de la preciosidad y valor del Señor Jesús. ¡Oh, cuán diferente es esto, a veces, del sistema de iglesia meramente formal!

La ruptura del vaso permite mostrar la preciosidad del perfume. Es ‘el vaso de barro frágil’ que, estando roto, hace posible la manifestación y expresión de las glorias de Cristo. Mientras ese frasco está entero, fuerte, y sano, tal vez digamos de él: "Él es un bonito jarrón, una maravillosa pieza de alabastro" –pero no estamos llegando a lo que está en el secreto. Nosotros podemos considerar a los hombres con intelectos espléndidos, hombres muy bien presentados, predicadores maravillosos, etc., –ocupados con el vaso, el jarrón– y lo demás estar sellado, estar escondido; pero cuando el jarrón se quiebra y es desparramado, entonces llegamos al secreto del tabernáculo que contiene la gloria de Cristo.

Vemos esto en Pablo. Supongo que Saulo de Tarso era intelectual, moral y religiosamente una maravillosa pieza de alabastro. Él mismo nos cuenta que así fue; nos habla de todo aquello en lo que podía gloriarse y que los hombres veían y sin duda alababan; pero él fue quebrado y ya no es más Saulo, y ya no es más Pablo, sino es la belleza y gloria de Cristo. Es la fragancia de Cristo, manifestada cuando el vaso es quebrado.

Amados, es así en nuestra experiencia. Se ha permitido a la iglesia, la verdadera iglesia, el ser quebrada, y quebrada de nuevo; lo mismo a los miembros individualmente. ¿No se ha probado a través de la historia que, para la iglesia y para el individuo, la ruptura, el ser quebrado, su desparramar y sus heridas, han provocado una expresión de las glorias de Cristo de una manera maravillosa? Ha sido precisamente así. Nosotros pasamos por una nueva experiencia de ser quebrantados; a veces lo ponemos de otra forma y decimos que estamos siendo llevados más profundamente a la muerte de Cristo, entrando en una experiencia renovada de la Cruz: sin embargo, como queramos decirlo, siempre significa la ruptura del vaso -, eso significa una más plena expresión y conocimiento de la gloria de Cristo, y nos traerá a una nueva apreciación de él. Descubriremos más de él en el tiempo de nuestro quebrantamiento. Y en la misma forma la iglesia atraviesa el camino de la Cruz, pero por esa ruptura viene a apreciar más el valor del Señor Jesús.

5.- El poder de su resurrección

Con Juan volvemos de nuevo a Betania, y en esta ocasión tenemos ante nosotros la resurrección de Lázaro. Betania, en este caso, es la esfera de la manifestación del poder de la resurrección, de la vida de resurrección. Hay muchas otras cosas aquí. Hay una maravillosa expresión de amor y de comunión en este capítulo. Lejos de Betania, el Señor dijo a sus discípulos: «Nuestro amigo Lázaro duerme». No «mi amigo», sino «nuestro amigo». Eso es comunión. «Y amaba Jesús a Marta, y su hermana y a Lázaro». eso es amor. Todos éstos son rasgos de Betania; pero el rasgo que resalta aquí es la manifestación del poder de su resurrección, la vida de resurrección.

Y de nuevo aquí Betania es una ilustración de la iglesia que él está edificando. Sabemos esto por Efesios, ‘la epístola de la Iglesia’, como solemos llamarla. Muy pronto llegamos aquí al lugar donde se nos dice que «nos dio vida juntamente con Cristo» (Efesios. 2:5). La iglesia es el vaso en el cual es desplegado el poder de su resurrección; y aquí de nuevo no sólo testificamos del hecho, de la doctrina, sino tenemos que aplicar la prueba, que la iglesia según la mente del Señor es aquella en que se despliega el poder de su resurrección y de su vida.

Hemos de reconocer que el objetivo de nuestra existencia como iglesia, como su Cuerpo, es que él pueda desplegar en nosotros el poder de su resurrección y su vida. Al reconocer esto, concordaremos con el Señor en que hemos de consagrarnos a él. Allí termina nuestra responsabilidad; si brota de nuestro corazón, el Señor iniciará su obra.

Nosotros no podremos resucitarnos a nosotros mismos como tampoco podemos autocrucificarnos, pero hemos de reconocer que los tratos del Señor con nosotros tienen el propósito de desplegar el poder de su resurrección, para lo cual muy frecuentemente él tiene que permitir que las cosas lleguen más allá de lo que todo el poder humano pueda remediar o evitar, de permitir que las cosas vayan tan lejos que no haya otro poder en todo el universo capaz de hacer algo para salvar la situación. Él permitirá obrar a la muerte, a la desintegración, para que así nada, nada en el universo sea de algún provecho, excepto el poder de su resurrección.

La resurrección es el acto de Dios, y solamente de Dios. Los hombres pueden hacer muchas cosas mientras tienen vida, pero cuando no hay vida es sólo Dios quien puede hacer algo. Y Dios permitirá a su iglesia y sus miembros en todos los tiempos entrar en situaciones que están más allá de la ayuda humana, para que él pueda manifestarse a sí mismo donde ningún hombre tenga ocasión para gloriarse.

Así, el Señor Jesús dijo: «Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella». ¡Glorificado! Nos hemos ocupado de la marcha de las cosas; es decir, en la línea de la desesperanza humana, pero cuánto tardamos en aceptar que puede haber un resultado. Cuando las cosas llegan a una situación desesperada, nos ofuscamos y pensamos que todo ha salido mal.

De eso trata la resurrección; como sabemos, las palabras allí se conectan con esto: «la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándolo de los muertos» (Efesios 1:19,20). eso es «para nosotros los que creemos». ahora, la iglesia, el testimonio de Betania, es ser un testimonio del poder de su resurrección, y si sus métodos con nosotros lo hacen necesario, entonces animémonos y confortémonos con el hecho de que somos una verdadera expresión de lo que él desea de su iglesia.

6.- Celebrando su victoria

En el capítulo 11 al capítulo 12 de Juan leemos: «Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. Y le hicieron allí una cena; y Marta servía...» (ella no había entendido, de las palabras del Señor, que ese servicio estaba mal; ella todavía está sirviendo, pero está bien ahora); «...y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume».

Aquí tenemos la fiesta, y la fiesta tiene varios elementos.

* Uno, representado por María y su acción, lo cual nos habla de adoración. Nuevamente, es la apreciación de Cristo que está a la vista. Eso es adoración. La adoración –según el pensamiento de Dios– es simplemente la valoración del Señor Jesús; llevando a la presencia de Dios el dulce aroma de un corazón que aprecia a su Hijo. Eso puede parecer simple, pero la adoración en su más pura esencia es lo que nosotros pensamos del Señor Jesús, expresado al Padre. La iglesia existe para esto. Betania habla de esto.

* La proporción. Marta servía, pero ahora es un servicio hecho en la proporción adecuada. Todavía está sirviendo, pero no hay ningún reproche ahora. Ya no hay ansiedad en su rostro; ella no está afanada en sus quehaceres: está sirviendo en una casa de resurrección. Aquí es un servicio proporcionado y el servicio en la casa de Dios es realmente según su pensamiento cuando el servicio es en comunión con, y en correcta proporción a, la adoración. Ahora hay ajuste entre las hermanas. Antes estaban en discordia, porque las cosas estaban desproporcionadas y fuera de lugar; ahora el ajuste ha sido hecho y ellas se entienden bien. Eso es servicio proporcionado.

* La resurrección. Lázaro estaba sentado a la mesa, y por supuesto esto representa el principio de la vida de resurrección. Eso, de nuevo, es una marca de la casa espiritual del Señor. Tenemos, pues, adoración, servicio proporcionado y vida de resurrección.

7.- Afuera y arriba

Concluye Lucas subrayando «Y los sacó fuera hasta Betania: y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo. Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo». ( Lucas 24:50-52).

Tres expresiones: «los sacó», «los bendijo», «fue llevado arriba». Salieron fuera con el Señor a su lugar de separación, bajo su bendición y unidos con él en el cielo. Para usar las palabras de Pablo, «...nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús». eso es Betania, esa es la Iglesia, es lo que el Señor quiere tener hoy en la vida de los suyos.

Volvamos a repasar lo relativo a Betania y dejemos a nuestro corazón ejercitarse en estos aspectos propios de la "Casa de Betania".


(Trad.: Mario Contreras y Andrew Webb).

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